Sobre la Epifanía
Rev. Ramón M. Meléndez Morales
Reflexión pastoral
5 de enero de 2025
Reflexión pastoral
5 de enero de 2025
La Epifanía es una de las festividades cristianas más antiguas de la cristiandad. Pero ¿qué es la Epifanía? El término significa manifestación, y hace referencia a la manifestación de Jesús como Mesías, Salvador e Hijo de Dios. Entonces, los cristianos celebran la manifestación del verbo encarnado. También celebran que en dicha manifestación, Dios se ha mostrado a aquellos que no tenían ni idea de quien era el único Dios verdadero. Se fundamenta en el relato de la visita de unos Sabios de Oriente que llegaron a adorar al Rey Nacido, al Dios encarnado. Dicho relato lo encontramos en Mt. 2:1-12. Y te invito a leerlo, mientras sigo compartiendo una reflexión del mismo.
Mucho podríamos decir sobre este pesaje, cosa que haremos en otro momento pero, centremonos en algo: No se sabe cuántos sabios fueron. Tradicionalmente se habla de tres, porque los regalos que entregaron fueron tres, a saber: Incienso, Mirra y Oro, según se desprende del verso 11. Dichos presentes son un reconocimiento de la realeza, de la grandeza de ese niño a quien fueron a reconocer, a adorar. Y es esa actitud la cual creo nos mueve esta fiesta. Actitud que se resume en una pregunta ¿Qué puedo yo entregar a este rey como reconocimiento de su grandeza y como adoración?
El pasado domingo compartí unas resoluciones a las cuales creo fielmente Dios nos está llamando y pueden ser una ofrenda a entregar al Dios nacido. En primer lugar, decide enfocarte en tu discipulado personal. Es decir, asóciate con el Espíritu Santo a través del estudio de la Palabra y la oración. Luego, decide discipular a alguien. Comparte la fe, tu tiempo y tus recursos con alguien, a fin de que esa persona crezca conozca al Rey nacido. En caso de que ya lo conozca, que crezca en el conocimiento de éste. Tercero y último, decide mejorar tus relaciones. Proponte hacer de tus relaciones (familiares, laborales, matrimoniales, etc) unas que reflejen la voluntad de Dios para cada una.
Los sabios entregaron incienso, mirra y oro para reconocerlo y adorar. Nosotros podemos reconocerlo y adorarlo en la medida en que priorizamos nuestro discipulado personal, discipulamos a otra persona y trabajamos para mejorar nuestras relaciones. Y que mediante la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas más, muchos más, vean que ¡Ha nacido el Salvador! Vivamos para él y celebrémosle.
